La sinceridad



Soy una de esas personas que siempre ha creído que uno debe decir siempre lo que piensa; de hecho soy de esos que rara vez se calla lo que le pasa por la cabeza.

Esta actitud me ha traído no pocos problemas; a la gente no siempre le gusta escuchar lo que uno tiene que decir.

Por otra parte, esta actitud, ha sido muy bien valorada por algunas personas que, una vez superada la fricción inicial, han encontrado utilidad en aquello que he comentado.

La verdad es que nunca sabes si será bueno o malo manifestar aquello que realmente piensas y acabas actuando conforme crees que debes hacerlo.

Sin embargo, un día charlando con un amigo sobre este tema, mientras yo sostenía que siempre debíamos decir lo que pensábamos, él me comentó que no lo compartía, y me dijo "Si tu piensas que yo soy gilipollas no necesito que me lo digas, no hace falta que me mientas ni que me halagues, pero tampoco que me digas que soy gilipollas".

Y la verdad es que me hizo pensar, yo que siempre había creído que era una virtud decir siempre aquello que pensabas, ahora, y tras este ejemplo, ya no lo tenía tan claro. ¿En base a qué iba yo a hacer daño a alguien gratuítamente con la única pretensión de ser sincero?

Descubrí que es importante ser sincero, especialmente cuando el otro te pide que lo seas, pero que, sin necesidad de mentir, no hace falta que digas todo aquello que piensas si crees que vas a dañar a tu interlocutor sin tener intención de hacerlo.

Dicen que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, y si bien la cita tiene otro sentido creo que es perfectamente aplicable a esta situación.

Y entonces encontré esta historia, atribuída al filósofo Sócrates...y me convenció de que no siempre es una virtud decir aquello que piensas:

Los tres filtros

Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

– “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”

Sócrates lo interrumpió diciendo:

-“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

-“¿Los Tres Filtros…?”

-“Sí” – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la Verdad. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”

-“No… lo oí decir a unos vecinos…”

-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la Bondad: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”

-“No, en realidad no… al contrario…”

-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es Necesario que me cuentes eso?”

– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”

– “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”


Así pues... he aprendido (menos de lo que quisiera) a callar para no hacer daño, que a callar para no salir yo mismo perjudicado ya aprendí hace tiempo.


  
  

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