Seguir aprendiendo



Es curioso esto del conocimiento, cuanto más aprendo más ganas tengo de aprender. A mí me encantaría ser de profesión "aprendedor". El conocimiento humano es tan vasto que la cita de Einstein sobre la ignorancia está llena de sabiduría "Todos somos ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas".

Leí hace poco que si sabes un 1% más que la media, para esa media ya eres un experto, siendo ésto probablemente cierto, el problema viene cuando tú crees que porque sabes un poco más que algunos ya no hace falta que aprendas más, cuando crees, incluso, saberlo todo sobre un tema en concreto.

El conocimiento, en determinadas áreas, avanza tan rápido que mantenerse actualizado es una tarea casi imposible. Saberlo, sin embargo, no debería paralizarnos y estancarnos en un conocimiento dado... decía Eric Hoffer "En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe"

En mi caso, no sé si este afán por seguir aprendiendo es un afán de superación o una simple forma de procrastinación, ya que las dudas sobre mi verdadero conocimiento hacen que posponga una y otra vez el lanzamiento de proyectos que llevan en mi mente ya demasiado tiempo; y es verdad que no hay "verdadero" aprendizaje sin acción, que no debemos dejarnos llevar por "la parálisis por el análisis", y que siempre hay algo que aportar a aquellos, que en un área determinada, ignoran cosas que tu conoces.

Me he dedicado a formar entrenadores de baloncesto desde hace muchos años, me encanta ayudar a alguien a crecer, me encanta compartir mis experiencias y que alguien pueda aprender algo de ellas, lo mismo que me encanta aprender de las experiencias que los demás comparten conmigo... es por ello que, aunque no tengamos mucho tiempo para dedicarle a nuestra formación continua, abandonarla no es, en mi opinión, buena idea.

Y hay un cuento que me recuerda la importancia de seguir formándonos independientemente del nivel de nuestros conocimientos.

Afilar el hacha

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.

El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.

El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:

-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

- Realmente no he tenido tiempo...He estado demasiado ocupado cortando árboles.










La rutina


Según la RAE (en una de sus acepciones) la rutina es: “hábito adquirido de hacer las cosas sin pensarlas”, curiosamente hay rutinas no solamente beneficiosas sino, además, necesarias; el cerebro necesita de esas rutinas para poder realizar determinadas tareas en “piloto automático”, y así poder dedicar su parte consciente a otras que nos son necesarias.

Muchas veces comenzamos a hacer algo porque nos gusta y nos atrae, repetimos esa actividad de forma periódica y disfrutamos de ella, nos sentimos bien realizándola, y mientras nos hace sentir así tendemos a repetirla para recibir nuestra dosis de bienestar.

Sin embargo a veces ocurre, que sin saber muy bien por qué, esa rutina que antes nos gratificaba ahora comienza a aburrirnos, la repetición que antes nos apasionaba comienza a convertirse en desidia, en ocasiones recuperamos la ilusión sin más que cambiar el punto de vista desde el que ejecutamos la acción, empiezas a fijarte en tu actividad desde ángulos desde los que antes no te atrevías a mirar, buscas detalles que antes habían pasado desapercibidos y eso es suficiente para recuperar la ilusión que antes brotaba sin necesidad de buscarla; también puedes introducir pequeñas subrutinas que te hagan sentir mejor, incluso ¿por qué no? Cambiar la rutina por otra en el mismo ámbito que te proporciona placer pero que no se parezca a la anterior. Otras veces, lamentablemente, la desidia pasa a convertirse en hastío, ni siquiera los cambios de visión ayudan a deshacerte de esa sensación de cansancio y aburrimiento que nos provoca la repetición continuada… y entonces llegamos a lo que solemos entender por RUTINA.

Le dijo el aprendiz al maestro:
¿Qué es la RUTINA?
Y sonriendo compasivamente, como siempre, le dijo:
La rutina es la llave para dejar de saborear la vida…
Tira la llave que cierra mentes…
Y abre la mente que reconoce las llaves…
Y podrás saborear cada instante de tu vida.

Decía Paulo Coelho “Si crees que la aventura es peligrosa prueba con la rutina, es mortal”

Entonces llega el momento de decidir, a veces una simple pausa temporal hace que recuperes las ganas de volver a tu “rutina”, aquella que te satisfacía.


También existen las RUTINAS que “no” podemos controlar, son acciones que desde el primer momento sabes que no te gustan pero las aceptas en aras de la rutina que te satisface, puede ser satisfacer una tarea indeseada para ti que te permite realizar la tarea que de verdad disfrutas, puede ser aceptar comportamientos que te molestan de quienes te rodean para poder seguir con tu tarea; y el problema de estas rutinas es que pueden llegar a convertirse en algo asumido sin más, pasan a formar parte de nuestro paisaje, nos molestan, pero dejamos de prestarles atención… y entonces quizás, sólo quizás, son las responsables de caer en la RUTINA.

Y hay un cuento de Mario Benedetti que me recuerda que a veces vivimos RUTINAS que quizás no deberíamos ni soportar ni aceptar, aunque, lamentablemente, no siempre está en nuestra mano poder evitarlas:

Rutinas
A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.
Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.
"¿Qué fue eso?", preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba". "¡Qué suerte!", dijo el niño. "Yo creí que era un trueno".

Nota: Ayer escuchaba a Dani Martín, en una entrevista con Risto Mejide (El rincón de pensar) decir que para él el éxito es “Estar haciendo lo que realmente te apetece hacer en cada momento”, a ello le añado, la felicidad es poder tener en tus manos la decisión de qué es lo que quieres hacer y cómo lo quieres hacer.


El poder autodestructivo de la ira



Ante determinadas situaciones de mi vida he llegado a la conclusión de que no hay juez más duro que uno mismo. Juzgamos y somos juzgados, muchas veces de forma despiadada, todos los días de nuestra vida.

Ante nuestros actos, sólo nosotros sabemos la verdadera intención con la que hacemos las cosas, y la intensidad y esfuerzo que ponemos en ellas; así cuando los resultados de nuestros actos no son los esperados muchas veces tratamos de evitar ser juzgados por los demás con cualquier tipo de excusa, normalmente externa, culpando a otros de lo que nos ocurre... con ello, a veces, logramos disminuir o incluso neutralizar las críticas externas.

Ocurre que, a veces, somos conscientes de que hemos hecho algo realmente mal, contrario a nuestros valores, y entonces da igual que seamos capaces de apaciguar lo que nos viene del exterior, el juez implacable, en forma de conciencia, no te deja tranquilo,

Para los que somos un poco perfeccionistas, nuestro juez interior es intransigente con nuestros actos, incluso nos juzgamos de forma más dura de lo que nadie de nuestro entorno se atrevería a manifestar; cuando llegas a ser consciente de que actúas así, aprendes a ser algo más condescendiente contigo mismo, aunque sigas siendo exigente.

Y así creía que eran las cosas, muchas veces he sido mi peor juez y he refrendado esta creencia, hasta que un día descubres que te conviertes en el peor juez juzgando a aquellos que han sido un modelo para tí, aquellos que te inculcaron valores y te enseñaron el camino "correcto", aquellos a quienes tienes como espejo en el que te gustaría verte reflejado, aquellos que ayudaron a construir tu mundo interno... un día hacen algo que crees pone en peligro tu estilo o forma de vida, incluso tu felicidad, y entonces eres implacable, ni siquiera cuando te juzgas a ti mismo llegas a ser tan duro, lo sometes a un juicio sumarísimo  en el que no hay lugar para la más mínima "imperfección" del acusado, has dictado sentencia, crees que tu mundo se derrumba por su acción, cuando en realidad tu mundo se derrumba porque ni tú mismo eres perfecto, y prefieres manifestar tu ira sobre otros porque es muy jodido aceptar lo que en realidad eres...

Desde ese momento, a menudo, entramos en un círculo vicioso, en el que deseamos el mal en aquel que "nos ha fallado", vivimos obsesionados con esperar su caída, su desgracia, nos corroe la ira...sin darnos cuenta que esa ira no desgasta a nuestro "enemigo" sino a nosotros mismos.

Me gusta esta cita, no recuerdo su autor, "Mientras tu piensas en tu enemigo, tu enemigo se está tomando una cerveza en un bar"

Y también me gusta este cuento, creo que anónimo, que hoy comparto con vosotros y que me recuerda como de destructiva puede ser nuestra ira hacia otros...

El saco de carbón

Un día, Jorgito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, lo llamó. Jorgito, le siguió, diciendo en forma irritada:

– Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

– Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!..Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

– ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo ¿Qué tal te sientes?

– Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo: – Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! . Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

– Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.


El caballo y el perrillo


Hoy quiero escribir, hoy el Real Madrid de Baloncesto ha sido de nuevo, tras 20 años sin conseguirlo, campeón de la Euroliga de baloncesto.

Tengo sentimientos encontrados, contento por todos esos compañeros y amigos que lo han conseguido, por todos ellos que tanto han sufrido y trabajado, y a los que ahora toca disfrutar y saborear el triunfo más deseado; por otro lado "jodido" por no haber estado ahí, ¡¡¡se me pasará!!!

Pero no quiero hablar de mí hoy, hoy quiero hablar de Pablo Laso, la persona que ha llevado a este equipo a ser lo que es, como él mismo dice a que "El Real Madrid de Baloncesto, sea un equipo reconocible y reconocido"... Y ¡¡¡ joder Pablo !!! reconocible ya lo era, porque el estilo que imprimiste en el equipo, desde el primer día, era conocido por todos,disfrutado por la gran mayoría, alabado por muchos y criticado por algunos. Ya sabes, nunca llueve a gusto de todos, y más cuando no se ganan todos los títulos. El equipo también era reconocido, aunque quizá no tanto como deseabas, ahora, amigo mío, ahora has alcanzado lo más alto en Europa, ahora el recocimiento será mayor, ya sabes que nunca será pleno, nunca llueve a gusto de todos, el mío por si había alguna duda, lo tenías y lo tienes.

Pablo llegó al Real Madrid hace ahora 4 temporadas, lo primero que te llama la atención de Pablo es que es un tío sencillo, tremendamente extrovertido y alegre, le gusta hablar y compartir, te integra en “su” mundo de forma natural, te habla como si te conociera de toda la vida, te hace sentir a gusto, se interesa por tí, por tu forma de pensar, y además escucha, vaya si escucha. Pablo tiene facilidad para relacionarse con la gente en general.

Pablo, entre muchas virtudes, tiene dos que yo destacaría, su afán por aprender y la virtud de saber usar las metáforas.

Y todo final feliz tiene un comienzo, cuando Pablo llegó al Real Madrid el F.C. Barcelona reinaba en el baloncesto nacional (con el permiso de una liga ACB ganada por el Baskonia en la temporada que el Barça ganaba la Euroliga). Recuerdo a Ettore, en su primera pretemporada, definir al Barça como “El Monstruo” en aquella Super Copa en Gran Canaria que el Real Madrid perdió por un punto, era un equipo que dominaba de una manera insultante a sus rivales, y al que gustaba “ensañarse” (por lo abultado de los resultados) con el Real Madrid; creo que en aquella época llegamos a tener cierto complejo cuando jugábamos contra ellos, cada derrota nos hacía mella, pero Pablo llegaba limpio, él no había sufrido esas derrotas en sus carnes, y eso ayudó y mucho, el veía al Barça con respeto pero sin miedo.

Perdimos el primer título que disputamos, la Super Copa, caímos eliminados por el Barça, si mal no recuerdo… y llegó Febrero, y jugamos la Copa del Rey en Barcelona, tras derrotar a Fuenlabrada y Sevilla, alcanzamos la final, y la íbamos a disputar frente al Barça… preparamos el partido, pero Pablo lo hizo de manera especial, no fuimos a la cancha a entrenar, prefirió salir a un jardín a estirar con todos los miembros del equipo, y llegó la charla prepartido, lo técnico y táctico ya estaba dicho en alguna sesión de vídeo que habíamos tenido, llegó a la reunión, pensábamos que iba a dar las últimas instrucciones técnicas, a repasar los detalles como siempre había hecho hasta entonces, pero jugábamos la primera final de su era y él quiso hacer algo distinto, y entonces nos contó lo que para mí/nosotros fue la metáfora del Caballo y el Perrillo… quizá para vosotros no tenga la carga emocional que tiene para mi, la memoria es frágil, pero así es, más o menos, como yo la recuerdo:


El caballo y el perrillo:


Mientras estaba en la habitación, me he asomado a la ventana, y mi ventana da a las pistas de hípica del Club de Polo de Barcelona, allí abajo había un majestuoso caballo, de esos que te llaman la atención por su belleza, su grandeza, moviéndose con brío… de repente ha aparecido un perrillo muy pequeño a su lado, y ha empezado a marearlo, el caballo no se sentía a gusto con el perrillo ladrando y metiéndose entre sus patas, ha intentado quitárselo de encima, pero el perrillo no paraba de moverse, le ladraba, corría, le vacilaba, y ha logrado desquiciar al caballo… y me ha venido a la cabeza que el caballo representa al Barça, con su grandeza y su juego majestuoso, y que nosotros somos como el perrillo, que a base de correr, ladrar, pelear, lo ha acabado sacando de quicio.

Y da la casualidad que ganamos aquel primer título, que Pablo inauguró para el Real Madrid la lista de títulos que ahora sigue, la primera Copa del Rey en 19 años, como ahora ha conseguido la primera Euroliga en 20 años, y yo desde la distancia me he acordado de esta historia, que tras pedir permiso al protagonista de la misma me he animado a compartir con vosotros. Para mí su ciclo ya estaba siendo muy bueno, ahora es sobresaliente, y veremos dónde acaba… porque ahora mismo están en la cima.

Enhorabuena al Real Madrid, pero sobre todo, enhorabuena PABLO.

Y si me lo permites, Pablo, recuerda que ahora otros te ven como el caballo, así que no pierdas de vista al perrillo…aunque sé que tú ya piensas en esto, porque tus triunfos, al igual que tus derrotas, no han hecho más que fortalecer tu deseo de mirar hacia delante y seguir preparando al equipo para el futuro, ese es tu fuerte, siempre miras lo positivo de las cosas y te mueves hacia el siguiente objetivo, sin lamentarte, sin regocijarte…ENHORABUENA PABLO.


Nota: Reconocimiento extensible a todos los integrantes del Real Madrid de Baloncesto, jugadores, técnicos, fisios, preparadores físicos, médicos, prensa, utilleros, gente de oficinas, directivos y responsables de la sección, cantera, etc... he pasado 5 años maravillosos con todos vosotros y me alegro que hayáis podido disfrutar de este éxito.



Valores, justicia y venganza. Mi dicotomía.



Tengo un debate interno que no soy capaz de solucionar... hace unos meses tuve la "desgracia" de presenciar una pelea entre miembros de mi equipo y el equipo rival (es curioso, junto con un jugador, soy el único que ha estado presente en las dos grandes peleas de la ACB de los últimos años, ¡¡¡ ya es mala suerte !!!). La escena fue muy desagradable y, tras el bochornoso espectáculo, llegaron las reacciones. Los jugadores involucrados fueron sancionados, algunos con multas económicas y otros con varios partidos sin poder jugar, no es de esto de lo que quiero hablar y que me genera el conflicto... fue la reacción de la gente la que me hizo pensar...leía que las sanciones debían ser ejemplares debido a lo que un jugador profesional representa en la formación en valores de nuestros jóvenes que los ven por televisión o acudiendo a los campos; y estoy de acuerdo en que nuestros actos influyen en la formación de quienes nos ven, con más repercusión si somos personajes "públicos". Leí que algunos pedían la expulsión a perpetuidad de los implicados, incluso la expulsión de ambos clubes de la competición... quizá eran peticiones exageradas o tal vez eran peticiones hechas con la más absoluta seriedad, el caso es que lo leí.

Entonces pensé que si lo que queríamos era formar en valores es evidente que la violencia no debería tener cabida en nuestro deporte (bueno ni en la sociedad), pero también pensé que el perdón y la compasión eran valores que deberíamos inculcar en nuestros jóvenes, y si las sanciones llegaban a ser "desproporcionadas", ¿dónde hubieran quedado estos dos valores?

Quizá pensé de esta forma porque conozco a los involucrados, sé como son en su día a día y eso me hace empatizar con ellos, pese a esto no se justifica la reacción que tuvieron. Esto me hizo pensar en aquellos que pedían poco menos que la cabeza de los involucrados.

Y, casualidades de la vida, a los pocos días de aquella pelea leí una noticia de una agresión por parte de un grupo de padres y aficionados a un árbitro y una oficial de mesa que habían arbitrado en un partido de jóvenes, según la noticia el grupo golpeó al árbitro una vez finalizado el partido, mientras las jugadoras jaleaban la acción de sus progenitores... en esta ocasión pensé para mí, ¡¡¡ Hay que echarlos de por vida de nuestros campos, no podemos permitirlo !!!... y entonces me acordé de quienes pedían la expulsión de la competición de por vida de aquellos que habían participado en la pelea y me ví en su misma situación; y quizá porque no conozco a los agresores no pensé en la compasión y el perdón, sólo sé que no quiero volver a verlo.

Sé que hay diferencias, o quizá no tantas, en la segunda hay varios agravantes: que es una agresión a la "autoridad", que un grupo agrede a un único individuo al que fue a socorrer la auxiliar de mesa,  y para mi la más importante, que si eran los padres de las jugadoras quienes estaban agrediendo al árbitro ellos son los responsables directos de la formación en valores de sus hijos... ¿qué mensaje mandan? pero al mismo tiempo... ¿qué mensaje mandamos?

El caso es que no soy capaz de salir de mi dicotomía, no sé cómo solucionar mi debate interno, quizá ahora sea más cierto que nunca la frase de que hay razones del corazón (emoción) que la razón no entiende.

Quizá todo tenga que ver con que a veces buscamos justicia y otras simplemente venganza...y como a veces mezclamos la una con la otra... sigo confuso, sólo sé que odio la violencia.

Así que mientras me aclaro, quiero compartir con vosotros un cuento sobre la justicia y la venganza del que desconozco el autor:

Cuento sobre la compasión (justicia vs. venganza)
 
Caminaba un filósofo griego pensando en sus cosas, cuando vio a lo lejos dos mujeres altísimas, del tamaño de varios hombres puestos uno encima del otro. El filósofo, tan sabio como miedoso, corrió a esconderse tras unos matorrales con la intención de escuchar su conversación. Las enormes mujeres se sentaron allí cerca, pero antes de que empezaran a hablar, apareció el más joven de los hijos del rey. Sangraba por una oreja y gritaba suplicante hacia las mujeres:

- ¡Justicia! ¡Quiero justicia! ¡Ese villano me ha cortado la oreja!

Y señaló a otro joven, su hermano menor, que llegó empuñando una espada ensangrentada.

- Estaremos encantadas de proporcionarte justicia, joven príncipe- respondieron las dos mujeres-. Para eso somos las diosas de la justicia. Sólo tienes que elegir quién de nosotras dos prefieres que te ayude.

-¿Y qué diferencia hay? -preguntó el ofendido- ¿Qué haríais vosotras?

- Yo, -dijo una de las diosas, la que tenía un aspecto más débil y delicado- preguntaré a tu hermano cuál fue la causa de su acción, y escucharé sus explicaciones. Luego le obligaré a guardar con su vida tu otra oreja, a fabricarte el más bello de los cascos para cubrir tu cicatriz y a ser tus oídos cuando los necesites.

- Yo, por mi parte- dijo la otra diosa- no dejaré que salga indemne de su acción. Lo castigaré con cien latigazos y un año de encierro, y deberá compensar tu dolor con mil monedas de oro. Y a ti te daré la espada para que elijas si puede conservar la oreja, o si por el contrario deseas que ambas orejas se unan en el suelo. Y bien, ¿Cuál es tu decisión? ¿Quién quieres que aplique justicia por tu ofensa?

El príncipe miró a ambas diosas. Luego se llevó la mano a la herida, y al tocarse apareció en su cara un gesto de indudable dolor, que terminó con una mirada de rabia y cariño hacia su hermano. Y con voz firme respondió, dirigiéndose a la segunda de las diosas.

- Prefiero que seas tú quien me ayude. Lo quiero mucho, pero sería injusto que mi hermano no recibiera su castigo.

Y así, desde su escondite entre los matorrales, el filósofo pudo ver cómo el culpable cumplía toda su pena, y cómo el hermano mayor se contentaba con hacer una pequeña herida en la oreja de su hermano, sin llegar a dañarla seriamente.

Hacía un rato que los príncipes se habían marchado, uno sin oreja y el otro ajusticiado, y estaba el filósofo aún escondido cuando sucedió lo que menos esperaba. Ante sus ojos, la segunda de las diosas cambió sus vestidos para tomar su verdadera forma. No se trataba de ninguna diosa, sino del poderoso Ares, el dios de la guerra. Éste se despidió de su compañera con una sonrisa burlona:

- He vuelto a hacerlo, querida Temis. Tus amigos los hombres apenas saben diferenciar tu justicia de mi venganza.


Para terminar, recuerdo esta cita de la madre Teresa de Calculta "No me llaméis para ir a manifestaciones en contra de la GUERRA porque no iré. Llamadme cuando hagáis manifestaciones a favor de la PAZ."

Ojalá no tengamos que vivir ni una sóla agresión más en un campo de baloncesto.