La rutina


Según la RAE (en una de sus acepciones) la rutina es: “hábito adquirido de hacer las cosas sin pensarlas”, curiosamente hay rutinas no solamente beneficiosas sino, además, necesarias; el cerebro necesita de esas rutinas para poder realizar determinadas tareas en “piloto automático”, y así poder dedicar su parte consciente a otras que nos son necesarias.

Muchas veces comenzamos a hacer algo porque nos gusta y nos atrae, repetimos esa actividad de forma periódica y disfrutamos de ella, nos sentimos bien realizándola, y mientras nos hace sentir así tendemos a repetirla para recibir nuestra dosis de bienestar.

Sin embargo a veces ocurre, que sin saber muy bien por qué, esa rutina que antes nos gratificaba ahora comienza a aburrirnos, la repetición que antes nos apasionaba comienza a convertirse en desidia, en ocasiones recuperamos la ilusión sin más que cambiar el punto de vista desde el que ejecutamos la acción, empiezas a fijarte en tu actividad desde ángulos desde los que antes no te atrevías a mirar, buscas detalles que antes habían pasado desapercibidos y eso es suficiente para recuperar la ilusión que antes brotaba sin necesidad de buscarla; también puedes introducir pequeñas subrutinas que te hagan sentir mejor, incluso ¿por qué no? Cambiar la rutina por otra en el mismo ámbito que te proporciona placer pero que no se parezca a la anterior. Otras veces, lamentablemente, la desidia pasa a convertirse en hastío, ni siquiera los cambios de visión ayudan a deshacerte de esa sensación de cansancio y aburrimiento que nos provoca la repetición continuada… y entonces llegamos a lo que solemos entender por RUTINA.

Le dijo el aprendiz al maestro:
¿Qué es la RUTINA?
Y sonriendo compasivamente, como siempre, le dijo:
La rutina es la llave para dejar de saborear la vida…
Tira la llave que cierra mentes…
Y abre la mente que reconoce las llaves…
Y podrás saborear cada instante de tu vida.

Decía Paulo Coelho “Si crees que la aventura es peligrosa prueba con la rutina, es mortal”

Entonces llega el momento de decidir, a veces una simple pausa temporal hace que recuperes las ganas de volver a tu “rutina”, aquella que te satisfacía.


También existen las RUTINAS que “no” podemos controlar, son acciones que desde el primer momento sabes que no te gustan pero las aceptas en aras de la rutina que te satisface, puede ser satisfacer una tarea indeseada para ti que te permite realizar la tarea que de verdad disfrutas, puede ser aceptar comportamientos que te molestan de quienes te rodean para poder seguir con tu tarea; y el problema de estas rutinas es que pueden llegar a convertirse en algo asumido sin más, pasan a formar parte de nuestro paisaje, nos molestan, pero dejamos de prestarles atención… y entonces quizás, sólo quizás, son las responsables de caer en la RUTINA.

Y hay un cuento de Mario Benedetti que me recuerda que a veces vivimos RUTINAS que quizás no deberíamos ni soportar ni aceptar, aunque, lamentablemente, no siempre está en nuestra mano poder evitarlas:

Rutinas
A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.
Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.
"¿Qué fue eso?", preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba". "¡Qué suerte!", dijo el niño. "Yo creí que era un trueno".

Nota: Ayer escuchaba a Dani Martín, en una entrevista con Risto Mejide (El rincón de pensar) decir que para él el éxito es “Estar haciendo lo que realmente te apetece hacer en cada momento”, a ello le añado, la felicidad es poder tener en tus manos la decisión de qué es lo que quieres hacer y cómo lo quieres hacer.


El poder autodestructivo de la ira



Ante determinadas situaciones de mi vida he llegado a la conclusión de que no hay juez más duro que uno mismo. Juzgamos y somos juzgados, muchas veces de forma despiadada, todos los días de nuestra vida.

Ante nuestros actos, sólo nosotros sabemos la verdadera intención con la que hacemos las cosas, y la intensidad y esfuerzo que ponemos en ellas; así cuando los resultados de nuestros actos no son los esperados muchas veces tratamos de evitar ser juzgados por los demás con cualquier tipo de excusa, normalmente externa, culpando a otros de lo que nos ocurre... con ello, a veces, logramos disminuir o incluso neutralizar las críticas externas.

Ocurre que, a veces, somos conscientes de que hemos hecho algo realmente mal, contrario a nuestros valores, y entonces da igual que seamos capaces de apaciguar lo que nos viene del exterior, el juez implacable, en forma de conciencia, no te deja tranquilo,

Para los que somos un poco perfeccionistas, nuestro juez interior es intransigente con nuestros actos, incluso nos juzgamos de forma más dura de lo que nadie de nuestro entorno se atrevería a manifestar; cuando llegas a ser consciente de que actúas así, aprendes a ser algo más condescendiente contigo mismo, aunque sigas siendo exigente.

Y así creía que eran las cosas, muchas veces he sido mi peor juez y he refrendado esta creencia, hasta que un día descubres que te conviertes en el peor juez juzgando a aquellos que han sido un modelo para tí, aquellos que te inculcaron valores y te enseñaron el camino "correcto", aquellos a quienes tienes como espejo en el que te gustaría verte reflejado, aquellos que ayudaron a construir tu mundo interno... un día hacen algo que crees pone en peligro tu estilo o forma de vida, incluso tu felicidad, y entonces eres implacable, ni siquiera cuando te juzgas a ti mismo llegas a ser tan duro, lo sometes a un juicio sumarísimo  en el que no hay lugar para la más mínima "imperfección" del acusado, has dictado sentencia, crees que tu mundo se derrumba por su acción, cuando en realidad tu mundo se derrumba porque ni tú mismo eres perfecto, y prefieres manifestar tu ira sobre otros porque es muy jodido aceptar lo que en realidad eres...

Desde ese momento, a menudo, entramos en un círculo vicioso, en el que deseamos el mal en aquel que "nos ha fallado", vivimos obsesionados con esperar su caída, su desgracia, nos corroe la ira...sin darnos cuenta que esa ira no desgasta a nuestro "enemigo" sino a nosotros mismos.

Me gusta esta cita, no recuerdo su autor, "Mientras tu piensas en tu enemigo, tu enemigo se está tomando una cerveza en un bar"

Y también me gusta este cuento, creo que anónimo, que hoy comparto con vosotros y que me recuerda como de destructiva puede ser nuestra ira hacia otros...

El saco de carbón

Un día, Jorgito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, lo llamó. Jorgito, le siguió, diciendo en forma irritada:

– Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

– Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!..Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

– ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo ¿Qué tal te sientes?

– Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo: – Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! . Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

– Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.


El caballo y el perrillo


Hoy quiero escribir, hoy el Real Madrid de Baloncesto ha sido de nuevo, tras 20 años sin conseguirlo, campeón de la Euroliga de baloncesto.

Tengo sentimientos encontrados, contento por todos esos compañeros y amigos que lo han conseguido, por todos ellos que tanto han sufrido y trabajado, y a los que ahora toca disfrutar y saborear el triunfo más deseado; por otro lado "jodido" por no haber estado ahí, ¡¡¡se me pasará!!!

Pero no quiero hablar de mí hoy, hoy quiero hablar de Pablo Laso, la persona que ha llevado a este equipo a ser lo que es, como él mismo dice a que "El Real Madrid de Baloncesto, sea un equipo reconocible y reconocido"... Y ¡¡¡ joder Pablo !!! reconocible ya lo era, porque el estilo que imprimiste en el equipo, desde el primer día, era conocido por todos,disfrutado por la gran mayoría, alabado por muchos y criticado por algunos. Ya sabes, nunca llueve a gusto de todos, y más cuando no se ganan todos los títulos. El equipo también era reconocido, aunque quizá no tanto como deseabas, ahora, amigo mío, ahora has alcanzado lo más alto en Europa, ahora el recocimiento será mayor, ya sabes que nunca será pleno, nunca llueve a gusto de todos, el mío por si había alguna duda, lo tenías y lo tienes.

Pablo llegó al Real Madrid hace ahora 4 temporadas, lo primero que te llama la atención de Pablo es que es un tío sencillo, tremendamente extrovertido y alegre, le gusta hablar y compartir, te integra en “su” mundo de forma natural, te habla como si te conociera de toda la vida, te hace sentir a gusto, se interesa por tí, por tu forma de pensar, y además escucha, vaya si escucha. Pablo tiene facilidad para relacionarse con la gente en general.

Pablo, entre muchas virtudes, tiene dos que yo destacaría, su afán por aprender y la virtud de saber usar las metáforas.

Y todo final feliz tiene un comienzo, cuando Pablo llegó al Real Madrid el F.C. Barcelona reinaba en el baloncesto nacional (con el permiso de una liga ACB ganada por el Baskonia en la temporada que el Barça ganaba la Euroliga). Recuerdo a Ettore, en su primera pretemporada, definir al Barça como “El Monstruo” en aquella Super Copa en Gran Canaria que el Real Madrid perdió por un punto, era un equipo que dominaba de una manera insultante a sus rivales, y al que gustaba “ensañarse” (por lo abultado de los resultados) con el Real Madrid; creo que en aquella época llegamos a tener cierto complejo cuando jugábamos contra ellos, cada derrota nos hacía mella, pero Pablo llegaba limpio, él no había sufrido esas derrotas en sus carnes, y eso ayudó y mucho, el veía al Barça con respeto pero sin miedo.

Perdimos el primer título que disputamos, la Super Copa, caímos eliminados por el Barça, si mal no recuerdo… y llegó Febrero, y jugamos la Copa del Rey en Barcelona, tras derrotar a Fuenlabrada y Sevilla, alcanzamos la final, y la íbamos a disputar frente al Barça… preparamos el partido, pero Pablo lo hizo de manera especial, no fuimos a la cancha a entrenar, prefirió salir a un jardín a estirar con todos los miembros del equipo, y llegó la charla prepartido, lo técnico y táctico ya estaba dicho en alguna sesión de vídeo que habíamos tenido, llegó a la reunión, pensábamos que iba a dar las últimas instrucciones técnicas, a repasar los detalles como siempre había hecho hasta entonces, pero jugábamos la primera final de su era y él quiso hacer algo distinto, y entonces nos contó lo que para mí/nosotros fue la metáfora del Caballo y el Perrillo… quizá para vosotros no tenga la carga emocional que tiene para mi, la memoria es frágil, pero así es, más o menos, como yo la recuerdo:


El caballo y el perrillo:


Mientras estaba en la habitación, me he asomado a la ventana, y mi ventana da a las pistas de hípica del Club de Polo de Barcelona, allí abajo había un majestuoso caballo, de esos que te llaman la atención por su belleza, su grandeza, moviéndose con brío… de repente ha aparecido un perrillo muy pequeño a su lado, y ha empezado a marearlo, el caballo no se sentía a gusto con el perrillo ladrando y metiéndose entre sus patas, ha intentado quitárselo de encima, pero el perrillo no paraba de moverse, le ladraba, corría, le vacilaba, y ha logrado desquiciar al caballo… y me ha venido a la cabeza que el caballo representa al Barça, con su grandeza y su juego majestuoso, y que nosotros somos como el perrillo, que a base de correr, ladrar, pelear, lo ha acabado sacando de quicio.

Y da la casualidad que ganamos aquel primer título, que Pablo inauguró para el Real Madrid la lista de títulos que ahora sigue, la primera Copa del Rey en 19 años, como ahora ha conseguido la primera Euroliga en 20 años, y yo desde la distancia me he acordado de esta historia, que tras pedir permiso al protagonista de la misma me he animado a compartir con vosotros. Para mí su ciclo ya estaba siendo muy bueno, ahora es sobresaliente, y veremos dónde acaba… porque ahora mismo están en la cima.

Enhorabuena al Real Madrid, pero sobre todo, enhorabuena PABLO.

Y si me lo permites, Pablo, recuerda que ahora otros te ven como el caballo, así que no pierdas de vista al perrillo…aunque sé que tú ya piensas en esto, porque tus triunfos, al igual que tus derrotas, no han hecho más que fortalecer tu deseo de mirar hacia delante y seguir preparando al equipo para el futuro, ese es tu fuerte, siempre miras lo positivo de las cosas y te mueves hacia el siguiente objetivo, sin lamentarte, sin regocijarte…ENHORABUENA PABLO.


Nota: Reconocimiento extensible a todos los integrantes del Real Madrid de Baloncesto, jugadores, técnicos, fisios, preparadores físicos, médicos, prensa, utilleros, gente de oficinas, directivos y responsables de la sección, cantera, etc... he pasado 5 años maravillosos con todos vosotros y me alegro que hayáis podido disfrutar de este éxito.



Valores, justicia y venganza. Mi dicotomía.



Tengo un debate interno que no soy capaz de solucionar... hace unos meses tuve la "desgracia" de presenciar una pelea entre miembros de mi equipo y el equipo rival (es curioso, junto con un jugador, soy el único que ha estado presente en las dos grandes peleas de la ACB de los últimos años, ¡¡¡ ya es mala suerte !!!). La escena fue muy desagradable y, tras el bochornoso espectáculo, llegaron las reacciones. Los jugadores involucrados fueron sancionados, algunos con multas económicas y otros con varios partidos sin poder jugar, no es de esto de lo que quiero hablar y que me genera el conflicto... fue la reacción de la gente la que me hizo pensar...leía que las sanciones debían ser ejemplares debido a lo que un jugador profesional representa en la formación en valores de nuestros jóvenes que los ven por televisión o acudiendo a los campos; y estoy de acuerdo en que nuestros actos influyen en la formación de quienes nos ven, con más repercusión si somos personajes "públicos". Leí que algunos pedían la expulsión a perpetuidad de los implicados, incluso la expulsión de ambos clubes de la competición... quizá eran peticiones exageradas o tal vez eran peticiones hechas con la más absoluta seriedad, el caso es que lo leí.

Entonces pensé que si lo que queríamos era formar en valores es evidente que la violencia no debería tener cabida en nuestro deporte (bueno ni en la sociedad), pero también pensé que el perdón y la compasión eran valores que deberíamos inculcar en nuestros jóvenes, y si las sanciones llegaban a ser "desproporcionadas", ¿dónde hubieran quedado estos dos valores?

Quizá pensé de esta forma porque conozco a los involucrados, sé como son en su día a día y eso me hace empatizar con ellos, pese a esto no se justifica la reacción que tuvieron. Esto me hizo pensar en aquellos que pedían poco menos que la cabeza de los involucrados.

Y, casualidades de la vida, a los pocos días de aquella pelea leí una noticia de una agresión por parte de un grupo de padres y aficionados a un árbitro y una oficial de mesa que habían arbitrado en un partido de jóvenes, según la noticia el grupo golpeó al árbitro una vez finalizado el partido, mientras las jugadoras jaleaban la acción de sus progenitores... en esta ocasión pensé para mí, ¡¡¡ Hay que echarlos de por vida de nuestros campos, no podemos permitirlo !!!... y entonces me acordé de quienes pedían la expulsión de la competición de por vida de aquellos que habían participado en la pelea y me ví en su misma situación; y quizá porque no conozco a los agresores no pensé en la compasión y el perdón, sólo sé que no quiero volver a verlo.

Sé que hay diferencias, o quizá no tantas, en la segunda hay varios agravantes: que es una agresión a la "autoridad", que un grupo agrede a un único individuo al que fue a socorrer la auxiliar de mesa,  y para mi la más importante, que si eran los padres de las jugadoras quienes estaban agrediendo al árbitro ellos son los responsables directos de la formación en valores de sus hijos... ¿qué mensaje mandan? pero al mismo tiempo... ¿qué mensaje mandamos?

El caso es que no soy capaz de salir de mi dicotomía, no sé cómo solucionar mi debate interno, quizá ahora sea más cierto que nunca la frase de que hay razones del corazón (emoción) que la razón no entiende.

Quizá todo tenga que ver con que a veces buscamos justicia y otras simplemente venganza...y como a veces mezclamos la una con la otra... sigo confuso, sólo sé que odio la violencia.

Así que mientras me aclaro, quiero compartir con vosotros un cuento sobre la justicia y la venganza del que desconozco el autor:

Cuento sobre la compasión (justicia vs. venganza)
 
Caminaba un filósofo griego pensando en sus cosas, cuando vio a lo lejos dos mujeres altísimas, del tamaño de varios hombres puestos uno encima del otro. El filósofo, tan sabio como miedoso, corrió a esconderse tras unos matorrales con la intención de escuchar su conversación. Las enormes mujeres se sentaron allí cerca, pero antes de que empezaran a hablar, apareció el más joven de los hijos del rey. Sangraba por una oreja y gritaba suplicante hacia las mujeres:

- ¡Justicia! ¡Quiero justicia! ¡Ese villano me ha cortado la oreja!

Y señaló a otro joven, su hermano menor, que llegó empuñando una espada ensangrentada.

- Estaremos encantadas de proporcionarte justicia, joven príncipe- respondieron las dos mujeres-. Para eso somos las diosas de la justicia. Sólo tienes que elegir quién de nosotras dos prefieres que te ayude.

-¿Y qué diferencia hay? -preguntó el ofendido- ¿Qué haríais vosotras?

- Yo, -dijo una de las diosas, la que tenía un aspecto más débil y delicado- preguntaré a tu hermano cuál fue la causa de su acción, y escucharé sus explicaciones. Luego le obligaré a guardar con su vida tu otra oreja, a fabricarte el más bello de los cascos para cubrir tu cicatriz y a ser tus oídos cuando los necesites.

- Yo, por mi parte- dijo la otra diosa- no dejaré que salga indemne de su acción. Lo castigaré con cien latigazos y un año de encierro, y deberá compensar tu dolor con mil monedas de oro. Y a ti te daré la espada para que elijas si puede conservar la oreja, o si por el contrario deseas que ambas orejas se unan en el suelo. Y bien, ¿Cuál es tu decisión? ¿Quién quieres que aplique justicia por tu ofensa?

El príncipe miró a ambas diosas. Luego se llevó la mano a la herida, y al tocarse apareció en su cara un gesto de indudable dolor, que terminó con una mirada de rabia y cariño hacia su hermano. Y con voz firme respondió, dirigiéndose a la segunda de las diosas.

- Prefiero que seas tú quien me ayude. Lo quiero mucho, pero sería injusto que mi hermano no recibiera su castigo.

Y así, desde su escondite entre los matorrales, el filósofo pudo ver cómo el culpable cumplía toda su pena, y cómo el hermano mayor se contentaba con hacer una pequeña herida en la oreja de su hermano, sin llegar a dañarla seriamente.

Hacía un rato que los príncipes se habían marchado, uno sin oreja y el otro ajusticiado, y estaba el filósofo aún escondido cuando sucedió lo que menos esperaba. Ante sus ojos, la segunda de las diosas cambió sus vestidos para tomar su verdadera forma. No se trataba de ninguna diosa, sino del poderoso Ares, el dios de la guerra. Éste se despidió de su compañera con una sonrisa burlona:

- He vuelto a hacerlo, querida Temis. Tus amigos los hombres apenas saben diferenciar tu justicia de mi venganza.


Para terminar, recuerdo esta cita de la madre Teresa de Calculta "No me llaméis para ir a manifestaciones en contra de la GUERRA porque no iré. Llamadme cuando hagáis manifestaciones a favor de la PAZ."

Ojalá no tengamos que vivir ni una sóla agresión más en un campo de baloncesto.



La magia del deseo



Hace unos 4 años jugaba mi primera Final Four con el Real Madrid de Baloncesto, en ese momento hacía 17 años que el Real Madrid no la disputaba; y si bien jugarla rompía con una mala racha que ya duraba demasiado, caer en el primer partido hizo saltar muchas ilusiones por los aires, incluída la mía.

Además la Final Four no es muy condescendiente con los perdedores del primer día, en el sentido de que aún deben esperar unas 48 horas antes de jugar por un "honorífico" partido por el tercer y cuarto puesto que prácticamente nadie quiere jugar, 

Recuerdo llegar al hotel esa misma noche, con la alegría contenida de los dos equipos ganadores y la tristeza más absoluta de los dos perdedores, entre los que me encontraba. Deprimido me subí a la habitación tras cenar en silencio con el resto del equipo (odio esas cenas post derrota) donde tenía dos opciones: echarme a llorar durante dos días o mirar hacia adelante y dejar de lamentarme por lo ocurrido... elegí lo segundo, busqué en internet y encontré una conferencia que me habían recomendado de Emilio Duró, la ví entera... y vaya subidón!!! dicen que son conferencias motivacionales, yo pienso que son conferencias de vida (he tenido la suerte de ver a Emilo en directo y recomiendo a quien pueda que vaya a una de sus conferencias, saldrás con un subidón de adrenalina, con numerosas lecciones de vida y con una sonrisa de oreja a oreja por cómo maneja la charla).

De aquella charla hubo una frase que me impactó, decía algo así como: "El ser humano es el único animal capaz de joderse la vida imaginando como será el futuro", preguntaba al público si sabía ¿qué hacía una manada de gacelas cuando un grupo de leones se avalanzaba y cazaba a una de ellas? La mayoría contestaban que seguir corriendo para alejarse, y él contestó que se detenían y seguían pastando pues sabían que los leones ya habían conseguido su objetivo, el ser humano seguiría corriendo, por si acaso, no fuera que los leones se hubieran quedado con hambre.

La posibilidad de imaginar es una de las capacidades del ser humano, y no es mala per sé, de hecho nos ha ayudado a evolucionar, el problema viene cuando tenemos una extraña tendencia a imaginarnos la peor de las situaciones para nosotros; imagino que tendrá que ver con el instinto de supervivencia que permanece intacto en nosotros desde los tiempos en los que nos jugábamos la vida en la sabana, pero ahora, muchos de esos pensamientos no tienen razón de ser... es más, dada la incapacidad que tiene el cerebro para distinguir entre aquello que imaginamos con intensidad y aquello que vivimos, las reacciones de estrés se dan como si lo estuviéramos viviendo en ese mismo momento.

Solemos poner en marcha proyectos movidos por la visión (imaginación) de cómo será el futuro cuando dicho proyecto esté funcionando, los beneficios que nos reportará, lo bien que nos hará sentir, etc... Pero muchas veces, cuando empezamos a tener los primeros contratiempos, cuando algún visionario nos avisa de que no funcionará, cuando no vemos los resultados de forma inmediata... cambiamos la visión que teniamos por los negros nubarrones que inundarán nuestra vida si el proyecto no sale como esperábamos, nos entran las dudas, los temores... La ilusión que antes nos movía se ha transformado en un muro que no sabemos traspasar y muchas veces, deprimidos, abandonamos, o bien nerviosos, no acertamos a actuar como deberíamos.

Ser capaces de mantener la visión original, es lo que distingue a los que suelen triunfar del resto, porque mantienen intacto el motivo que les llevó a la acción (motivación).

Decía Einstein: "Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la fuerza de voluntad"

Y como siempre hay un cuento que me recuerda la fuerza del deseo, de Jorge Bucay (Cuentos para pensar)

EL GUERRERO:

El cuerpo gigantesco del guerrero sumerio estaba arado de cicatrices y su piel curtida por el sol y la nieve.

Su nombre era Jormá, y cuenta esta historia que cierta vez, mientras cabalgaba con tres de sus amigos de una ciudad a otra, sufrieron una emboscada a manos de sus más crueles enemigos.

Los cuatro guerreros combatieron con fiereza pero sólo Jormá consiguió sobrevivir, sus tres amigos cayeron muertos durante la lucha.

Ensangrentado y exhausto, Jormá se dio cuenta de que necesitaba descansar, reponer fuerzas y sanar sus heridas.

Miró a su alrededor en busca de un lugar seguro y divisó una pequeña caverna excavada en una montaña cercana.

Casi arrastrándose llegó hasta allí y una vez dentro de la cueva, extendió sobre el piso su piel de oso y se quedó profundamente dormido.

Horas o días después, lo despertó el hambre.

Sintió que su estómago reclamaba algo caliente. Todabía dolorido Jormá decidió salir a juntar ramas y troncos secos para prender un pequeño fuego en su guarida transitoria y comer así un poco de la carne salada que llevaba consigo.

Cuando la luz de las llamas iluminó el interior del refugio, el guerrero no podía creer lo que veía: El reducto que había encontrado no era simplemente una cueva era un templo, un templo excavado en la roca.

...Por las inscripciones y los símbolos, el sumerio descubrió que el templo había sido construido en honor a un solo dios...

El dios Gotzú.

Jormá había aprendido a desconfiar de las casualidades, y quizás por eso no dudó en pensar que sus pasos habían sido conducidos hasta la cueva por el mismísimo dios del templo, para poder así guardar su sueño.

Jormá concluyó que esta era una señal:

Desde entonces enconmendaría su espada al dios Gotsú.

Se quedaría allí hasta que sus heridas curasen.

Mientras tanto, prendería un gran fuego debajo del altar que presedía la inmensa imagen en piedra del dios y cazaría algún animal al que sacrificar en su honor.

Cinco días y cinco noches más estuvo el guerrero en la cueva de la montaña, reponiéndose y honrando a Gotzú.

Durante ese tiempo nunca dejó que se apagara la llama que iluminaba el altar.

Al sexto día, Jormá se dio cuenta de que era hora de seguir su camino, y quiso dejar, antes de partir, una ofrenda a Gotzú en señal de gratitud.

- Una llama eterna - pensó - pero cómo conseguirla?

Jormá salió de la cueva y se sentó en una roca al borde del sendero a meditar sobre el problema.

Ssabía que un poco de aceite ayudaría a mantener la lama, pero no era suficiente.

Pensó, por un momento que quizás debía buscar mucha leña, tanta como para que nunca se consumiera;tanta, que durara eternamente....pero rápidamente se dio cuenta de lo vano del esfuerzo....mucha madera aumentaría la intensidad del fuego pero no la duración de la llama....

Un monje, de túnica blanca, que caminaba por el sendero se detuvo frente a Jormá.

Tal vez de puro curiosos o quizás por la sorpresa de ver a un guerrero en tan reflexiva actitud, el caso es que el monje se sentó frente al sumerui y se quedó inmóvil mirándolo como si pasara a ser parte del paisaje.

Horas después, cuando el sol ya caía, Jormá, todavía seguía pensando.....

Lo ocupaba tanto su problema que no se sorprendió demasiado cuando el monje le habló:

- Qué te pasa guerrero?. Parece preocupado...Puedo ayudarte?.

- No lo creo - dijo el guerrero - Esta cueva, mi señor es el templo del dios Gotzú, a quien hace cinco lunas he consagrado como mi protector, el destiatario de mis oraciones, el objeto último de mi lucha. Pronto deberé partir y quisiera honrarlo eternamente, pero no sé como conseguir que la llama que he encendido dure para siempre.

El monje meneó la cabeza y como si hubiera adivinado el camino que había recorrido el pensamiento guerrero le dijo:

- Para que la llama sea eterna, necesitarás algo más que madera y aceite..

- Qué cosa? - Se apuró a preguntar Jormá - Qué más necesito?.

- Magia - dijo el monje secamente,

- Pero yo no soy mago, ni sé de magia..

- Sólo la magia puede conseguir que algo sea eterno.

- Yo quiero que la llama sea eterna - dijo el guerrero..y siguió -

....Si consigo la magia, Me puedes asegurar que la llama para Gotzú será eterna?.

- Asegurar?. Hace una semana ni siquiera sabías de la existencia de este templo a Gotzú..y hoy quieres para él, un homenaje eterno. Eso es lo que hoy deseas....Es que acaso tú puedes asegurar que tu deseo será eterno?....

Jormá hizo silencio.

El guerrero se dio cuenta de que nadie podía afirmar la eternidad de un deseo...

El monje volvió a menear la cabeza y se puso de pie..

Se acercó a Jormá y apoyándole la mano abierta en el pecho, y le dijo:

- Te diré un secreto:

"La magia sólo dura mientras persiste el deseo!!!"

Nota: Dedicado a un ex-alumno y amigo que hoy se ha clasificado para la final del campeonato de España Junior de Baloncesto... hace dos años veía su futuro en el basket con nubarrones. Enhorabuena Adriá Alonso.