Tener razón



Tras un mes sin escribir, podría decir que me he tomado unas vacaciones, hoy retomo la sana costumbre de compartir experiencias con vosotros.

Una de las cosas que más me fascina de los seres humanos, y de la que "lamentablemente" yo soy un experto, es la capacidad que tenemos para, una vez emitida una opinión, convertir dicha opinión en una verdad absoluta por la que debemos enfrentarnos, incluso poniendo en riesgo "nuestra vida" si fuera necesario, a quien ose contradecirla.

Podemos ver claros ejemplos de lo que digo en cualquier debate político en el que participamos con amigos y/o familiares; aunque no es necesario acudir a la política para desatar nuestra cerrazón ante opiniones contrarias a las nuestras, basta con acudir a cualquier debate deportivo.

En la última semana la Selección Nacional  ha disputado 5 partidos en el Europeo de Baloncesto, ganando 3 de los 5 partidos disputados. Cuando las derrotas llegan, las redes se llenan de gente que ya sabía que esto iba a pasar, comparten los argumentos de su certeza y enseguida son contestados por aquellos que los tildan de agoreros y buitres... el combate dialéctico está servido; eso sí, es difícil ver a alguna de las partes reconocer que su opinión puede estar equivocada, resistirán con ella hasta el final, harán de la opinión emitida un estandarte por el cual merece la pena luchar con fiereza, y da igual lo que ocurra, ¡¡¡ ni se te ocurra dar la razón al contrario !!! Casi mejor "morir".

Es evidente que para poder defender nuestros argumentos el resultado tiene que estar de nuestro lado, sin embargo ocurre muy a menudo que confundimos correlación con causalidad. Es por ello que creemos que nuestro argumento es válido sólo por el hecho que hayamos observado una correlación, sin pararnos a pensar si de verdad hay causalidad o no.

Y si bien es cierto que el debate es la salsa de la vida, deja de tener gracia cuando estamos dispuestos a enfadarnos, enojarnos e, incluso, a romper relaciones porque alguien no comparte nuestra opinión.

Es por ello que me encanta una frase del maestro y genio Ramón Jordana: "Para mostrarte aquello de lo que estoy convencido no necesito demostrarte que estás equivocado"

Otra cita que me encanta es "Entre ser feliz y tener razón prefiero ser feliz", frase que viene explicada en este artículo de Susana Pérez en su blog soyespiritual.com

Sabiendo que la mayoría de la veces las cosas no son o blancas o negras, sino que hay un fascinante mundo de grises entre unas y otras, me encanta este cuento  que hoy comparto con vosotros:

Los monjes y el caracol

Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal y dijo:

– Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.

Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

– ¡Inconsciente!, exclamó furioso el otro monje.
– Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso:
– Vamos a contarle este caso al gran sacerdote.
– Él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo:
– Has hecho lo que convenía hacer.
– Has hecho bien.

El segundo monje dio un brinco.
– ¿Cómo?
– ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno?
– Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer.

El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo:
– Es verdad.
– Es lo que convendría haber hecho.
– Tienes razón.

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó.
– ¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos!
– ¿Cómo pueden tener razón los dos?

El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo:
– Es verdad.
– También tú tienes razón.


Nota: Este cuento está dedicado a la clase del CES "érase una vez..." en San Sebastián... recuerdo haberlo utilizado cuando un debate empezaba a tornarse peligroso, algunos me mirásteis de una forma extraña pero entendísteis que la intensidad con la que yo defendía mis posiciones no descalificaba las vuestras. ¡¡¡ Vuestra camiseta aún sigue conmigo !!!

La situación ideal



Muchas veces pensamos que la situación ideal es una situación sin tensiones, entendiendo por tensiones algo que de una u otra manera nos perturba. Es cierto que hay algunos aspectos de nuestra vida que pueden catalogarse de "ideales", no nos producen ninguna tensión. Sin embargo muchas veces nos ocurre que, buscando esa situación ideal, eliminamos tensiones visibles para, muy a nuestro pesar, ver aparecer otras que antes estaban ocultas, y lo malo es que a veces estas nuevas tensiones son incluso peores que aquellas que hemos eliminado.

Un ejemplo de esta situación es la persecución que ejerce mi padre frente a los topos que cada año llenan su jardín de agujeros; desde que construyó su casa en el pueblo ha intentado erradicar a estos pequeños mamíferos de todas las maneras imaginables, y cada verano tiene, o tenía, la misma guerra...Hace un par de años pareció encontrar la solución contra los topos y consiguió eliminarlos de su bello jardín; descubriendo que ahora era otro tipo de mamífero, mucho más demoledor para la vida del césped, el que campa a sus anchas... el topillo.

Descubrimos entonces que añoramos aquella situación inicial tildada de "problemática", y que ante la nueva situación creada puede verse como una situación deseada. Curiosa paradoja ésta que queda reflejada en el siguiente cuento:

Había una vez un hombre que se lamentaba constantemente de lo pequeña y caótica que era su casa, vivía con su mujer y sus tres hijos y hacía poco que su suegra se había trasladado a vivir con ellos tras la muerte de su marido. El hombre desesperado por la situación decide acudir al sabio del pueblo en busca de consejo que alivie su estrés. Tras escucharle atentamente el sabio le preguntó:

- ¿Tienes gallinas?
- Sí - contestó el hombre.
- Bien, pues mete tus gallinas dentro de casa, y dentro de una semana vuelves a verme.

Pasada una semana el hombre vuelve a visitar al sabio:

- ¿Cómo ha ido la semana?
- ¿ Cómo ha ido ? ¡ Ha sido una locura ! A todo lo que me estresaba se ha añadido que las gallinas dejan todo hecho una porquería, todo lleno de plumas y de excrementos... ¡ Esto no hay quien lo aguante !
- ¿Tienes cerdos?
- Sí, así es.
- Pues quiero que metas a los cerdos en tu casa.
- ¿ Qué meta a los cerdos ?
- Eso he dicho, sí... mete a los cerdos en casa. ¿Quieres mejorar tu situación no?
- Bueno, usted es el sabio, 

A la semana siguiente vuelven a verse.

- ¿Cómo ha ido?
- ¡Joder! Los hijos, la mujer, la suegra, las gallinas y ahora los cerdos. El olor en casa es inaguantable, los ruidos no cesan, no hay sitio para nadie, prácticamente no duermo,¡¡¡ estoy de los nervios !!!
- ¿Tienes vacas?
- Sí, tengo una vaca.
- Pues quiero que metas a la vaca en casa.
- Pero... ¿Está usted loco? ¿Quiere que meta a la vaca en casa?
- Sí, así es. Tú quieres mejorar tu situación ¿no? pues hazme caso y mete a la vaca en casa.

Pasada una semana vuelven a verse.
- ¿Cómo ha ido?
- Horrible, ya no puedo más... los niños, la mujer, la suegra, las gallinas, los cerdos y ahora la vaca... no para de mugir, deja sus excrementos por toda la casa... de verdad ¡ Ya no puedo más !
- Bien, ahora quiero que saques a la vaca, los cerdos y las gallinas de casa y dentro de una semana vuelves y me cuentas.

A los siete días, como habían pactado, el hombre vuelve a verse con el sabio.
-¿Cómo ha ido?
- Ufff... es usted un verdadero sabio, ¡¡¡ Esto si que es vida, la casa me parece enorme, el estrés ha desaparecido !!!. No sé cómo puedo darle las gracias, ¡¡¡ me ha cambiado usted la vida !!!


Es por ello que me gusta pensar más en situaciones de armonía que en situaciones "ideales". Vivir en armonía es, para mí, ser capaz de aceptar vivir con pequeñas "tensiones" en alguna faceta de mi vida siempre que el cuadro más general que engloba dicha tensión sea algo que me proporciona una satisfacción mucho mayor.

Y claro, esto no quiere decir que debamos aceptar cualquier situación de tensión que se nos presente, pero la duda es saber qué tensiones son eliminables sin mayores consecuencias y cuáles no, y para eso me gusta recordar el lema de Alcohólicos Anónimos: "Señor dame paciencia y serenidad para aceptar aquello que no se puede cambiar, valor para cambiar lo que sí se puede  y sabiduría para distinguir la diferencia entre ambas"

Nota: Espero que estéis disfrutando de un verano ideal... o por lo menos en armonía.


Ver la realidad


Hace unos pocos días la alcaldía de Zaragoza decidía cambiar el nombre del Pabellón Príncipe Felipe por el de José Luis Abós (entrenador del CAI Zaragoza fallecido el pasado año), para alegría de muchos, pero también causando un gran revuelo al ser considerado un acto antimonárquico por otros.

No es mi interés debatir sobre el tema en concreto, sino sobre lo que me han hecho sentir algunas respuestas de gente del baloncesto a un tweet de Antoni Daimiel que decía lo siguiente "Que le pongan el nombre José L Abós al pabellón P. Felipe de Zaragoza no puede equipararse a la retirada del busto en Barcelona. No es ético", alguien respondió "Querido amigo, no sé que decirte..."

Yo, que apoyé la iniciativa del cambio de nombre del pabellón a los pocos días de fallecer José Luis Abós, no me podía creer el comentario, estaba indignado, enfadado, enrabietado, incluso me sentí algo triste... preparé varias respuestas, no me atreví a publicar ninguna. No podía entender que alguien del baloncesto pusiera en duda el significado (que yo daba) del cambio de nombre del pabellón; yo tenía mi versión de los hechos, otros la suya.

Eso me hizo pensar. Yo sé la intención con la que yo apoyé dicho cambio, pero ¿acaso puedo saber yo la intención real con la que se ha hecho el cambio? Pese a que intuyo que la respuesta es acorde a mi propio motivo no puedo asegurar al 100% que así sea (aunque lo mismo pasa con quienes defiendan lo contrario).

Entonces me calmé y recordé que el cerebro sólo vé aquello que quiere ver. Cuando quieres creer en algo tu cerebro se pone en marcha para recoger toda la información que certifica la vericidad de tu creencia y trata de descartar toda información que va en contra de ella, es por eso que siendo de una ideología concreta tendemos a leer unos u otros periódicos y dar más validez a unas noticias que a otras, unos refrendan nuestras ideas y otros las ponen en duda de forma sistemática (y es así estés en el lado que estés). Es verdad que a veces buscamos fuentes distintas tratando de ser más objetivos, pero es difícil que demos la misma credibilidad a las distintas opiniones, nuestro cerebro ya está jugando con nosotros. En ocasiones no se tratá de una opinión, sino de un hecho (dejo esto para otro artículo), y ante la evidencia no nos queda más remedio que reconocer que estábamos equivocados, normalmente muy a regañadientes y con la voz bien bajita.

De hecho sabemos que el cerebro es muy bueno inventando, cuando quiere darle valor a una historia le basta con encontrar una historia o sucesión de hechos coherente para darle validez, ni siquiera tiene que haber sido real, le vale con que sea coherente... pero ¿coherente con qué? coherente con nuestras creencias y con nuestra forma de ver el mundo.

Es así que todos vemos el mundo bajo el filtro de nuestras propias gafas, gafas formadas por nuestras experiencias, creencias, miedos, etc... y como éstas son distintas para cada ser humano, cada uno vemos el mundo de una forma diferente.

Saberlo me ayuda a calmarme cuando alguien "ataca" mis "creencias", como era el motivo del cambio de nombre del pabellón. En este sentido, aunque no las comparta, tienen cabida otras interpretaciones, cada uno lo ve con sus gafas y para que sea real para otro individuo (o para mí) basta con que su historia sea coherente, él (o yo) la convertirá en real. Pero la realidad es que sólo quien ejecutó el cambio sabe la verdadera intención de sus actos...los demás sólo podemos especular sobre ellos, y hacer caso, o no, a las explicaciones que dió al respecto.

Cuando actúo así sólo me queda esperar que el otro también actúe de la misma forma, aunque soy consciente de que, ni yo siempre consigo actuar así, ni cuando lo consigo el otro me trata de la misma forma.

Por eso, para desdramatizar un poco todo me gusta recordar esta pequeña historia que me recuerda que cada uno vemos el mundo desde perspectivas diferentes, cada uno a través de nuestras gafas de vida:

Dos formas de ver las cosas:

Mi mujer y yo estábamos sentados a la mesa en la reunión de mis excompañeros de universidad. Yo contemplaba a una mujer sentada en una mesa vecina, totalmente borracha, que se mecía con su bebida en la mano. Mi mujer me preguntó:

- ¿La conoces?

- Sí, -suspiré- es mi exnovia. Supe que se dió a la bebida cuando nos separamos hace algunos años y me dijeron que nunca más estuvo sobria.

- ¡Dios mío! - exclamó mi mujer - ¡Quién diría que una persona puede celebrar algo durante tanto tiempo!



La dificultad de elegir




No nos llevamos muy bien con la decisión de elegir entre múltiples opciones cuando todas tienen aspectos que nos atraen. Quizá se deba a que, antes y después de elegir una alternativa, preferimos torturarnos pensando en lo que perdemos que disfrutar de aquello que ganamos; y en toda elección ganamos y perdemos algo.

Sabemos que cuantas más opciones tenemos más difícil nos resulta elegir, y sin embargo como dice Dan Ariely en su libro Predictably Irrational (Predeciblemente Irracionales) "tenemos una tendencia irracional a mantener puertas (opciones) abiertas". Quizá sea por mantener una falsa sensación de seguridad sin darnos cuenta que al tomar una decisión de elección eliminamos de un plumazo las demás.

Podríamos pensar que reduciendo las opciones a dos la elección se torna, entonces, mucho más fácil... Pero la realidad no es así, elegir entre dos opciones igualmente buenas es una tarea compleja... a mi me gusta pensar que en realidad da igual qué opción elijamos, que siempre la que elegimos es la buena; de hecho, una vez que hemos reducido la elección a dos opciones y no tenemos claro por cual decantarnos, tirar una moneda al aire para elegir suele ser una muy buena opción, porque cuando la moneda vuela solemos tener ese momento de lucidez en el que claramente preferimos una de las dos, nuestro subconsciente nos habla. Entonces da igual lo que salga, elige lo que tu corazón te marcó.

Quizá la dificultad de elegir viene condicionada porque la mayoría de las veces es más fácil saber aquello que no queremos que aquello que de verdad anhelamos.

Sé que no me gusta mi situación actual pero no sé cómo me gustaría que fuera mi vida... y esto es un verdadero problema, porque sé de que me debo alejar, pero no tengo ni idea de a dónde debo dirigir mis pasos. Aunque, pensándolo bien, saber que quieres alejarte de algo, a veces, puede ser ya un paso importante, quizá no sabes que opción tomar pero si sabes cual de ellas descartar.

Y cuando lo único que sé es de qué me quiero alejar, me gusta recordar el diálogo entre Alicia y el Gato Chesire:

" - Sólo quiero saber qué camino debo tomar...
- Pues... depende... a dónde quieras ir tú...
- Eso no importa, si tú me dices...
- Entonces... realmente no importa el camino que escojas!!!"

O como decía Antonio Machado... "Caminante no hay camino, se hace camino al andar"

Nota: Un consejo, por experiencia, si tras meditarlo concienzudamente tienes claro que opción elegir, no pidas opinión a nadie más sobre si tu elección es la acertada... ¡¡¡ ELIJE, NO PREGUNTES !!! 

Dedicado a mi gran amigo Gonzalo Yuste... decidas lo que decidas tomarás la decisión acertada!!!




Quién es el tonto?



Hace tiempo escuché a un grandísimo amigo "Si no gusta lo que te rodea empieza por mirarte a tí mismo", y hace poco escuché que lo que vemos en los demás no es más que lo que cada uno de nosotros llevamos dentro, que lo que vemos en los demás es la imagen en un espejo de nuestro interior.

Como seres sociales que somos nos rodeamos de nuestros semejantes, formamos grupos; de la asociación pueden florecer nuestros más bajos instintos o también podemos mostrar nuestro lado más brillante, podemos maltratar a uno del grupo para mostrarnos poderosos ante los demás o podemos colaborar para alcanzar objetivos que de otra manera no alcanzaríamos por nuestra cuenta.

Lamentablemente, muchas veces, sólo nos sentimos cómodos dentro un grupo luchando por un estatus, nos gusta ser más que los demás, demostrar que somos más fuertes, más guapos, más listos, más inteligentes, mas... y cuando lo hacemos despreciamos a quienes tenemos al lado por el mero hecho de aparentar, quedando visiblemente acentuado cuando aquellos a quienes queremos impresionar están presentes.

Viniendo del baloncesto, sé de la importancia que tienen los roles en un grupo o equipo, pero eso no da derecho a quienes ostentan la parte "alta" de la pirámide a mirar y tratar a los demás con desprecio, de hecho, si se mantienen en lo alto de esa pirámide es gracias a todos ellos (aunque sean fácilmente sustituíbles).

Recuerdo una frase de una canción de P!nk ("I have seen the rain"), "Stop looking over my shoulder and I´ll stop wondering what it means" ("Deja de mirarme por encima del hombro y dejaré de preguntarme lo que significa")

Y como decía Einstein "Todos somos ignorantes lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas", entenderlo es dar un paso a tratar a los que nos rodean con el respeto que se merecen... y este cuento me recuerda que, muchas veces, el tonto no es quien parece ser el tonto:

Fábula del tonto:

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca 
inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. 

Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso. 

Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. 

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: 

- Lo sé señor, no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda. 


Nota: Me encantaría saber que opinas de mis artículos, siéntete libre de dejarme un comentario, y si tenéis alguna propuesta para algún artículo futuro estaré encantado de escucharla.