¿Esquías?



Recuerdo un día, dirigía por aquel entonces al cadete de Estudiantes, preparando un partido contra el Real Madrid, Angel Goñi, que por aquel entonces era director técnico de la cantera, se acercó después del entrenamiento para charlar conmigo. y mantuvimos una conversación más o menos así:
- (Angel) No crees que podáis ganar al Real Madrid ¿verdad?
- (Yo) ¿Por qué lo dices?
- (Angel) Durante todo el entrenamiento has dicho lo que no hay que hacer para no perder con el Real Madrid
- (Yo) No te entiendo Angel
- (Angel) En ningún momento has dicho lo que hay que hacer para ¡¡¡GANAR!!!
- (Angel) Sabes Jota, lo más difícil para un entrenador, no es aprender mucha técnica o mucha táctica, lo más difícil para un entrenador es ocultar sus miedos; de una manera u otra los acaba transmitiendo, ya sea por sus posturas corporales, por su comunicación... se traslada a los jugadores. Tienes que entrenarte para que no transmitas tus miedos, pero la mejor forma de no transmitirlos es no tenerlos!!!

Aquella frase resonó en mi conciencia durante un tiempo, pero terminó por golpearla años mas tarde; entrenaba entonces al EBA de Estudiantes y jugábamos contra Pozuelo, Jan Martín era miembro de aquel equipo y uno de los jugadores destacados del mismo, para aquel partido no podría jugar, estaba lesionado.
Al terminar la charla prepartido, Jan se quedó en el vestuario con los técnicos mientras sus compañeros salían a calentar, y lo que me dijo cambió mi forma de comunicarme con el equipo para siempre...
- (Jan) No crees que hoy podamos ganar, ¿verdad Jota?
- (Yo) Claro que podemos ganar Jan!!!
- (Jan) Que podemos ya lo sé yo, que tú lo creas lo dudo... durante la charla prepartido sólo has hablado de no perder.

Inmediatamente, aquella frase, me retrotrajo a la conversación con Angel años atrás... Zasssss... ¡¡¡estaba transmitiendo mis miedos!!!

Con el tiempo leí una metáfora que me gustó mucho y que utilizo desde entonces... ¿Habéis esquiado alguna vez? Si no lo habéis hecho, no os imagináis como son las pendientes que bajan los profesionales cuando los vemos por la tele, son auténticas paredes verticales. La primera vez que te preparas para lanzarte colina abajo por una pista negra (las de mayor dificultad) parece que te vas a tener que tirar en paracaídas, los esquíes sobresalen del suelo pero tú no ves la pendiente...hasta que no te lanzas no ves la pendiente, es como un precipicio; pues bien, todo buen esquiador sabe que el peso del cuerpo debe estar sobre la punta de los pies, es la forma de controlar los esquíes; sin embargo el miedo hace que tires de tu cuerpo hacia atrás (oponiéndote a la trayectoria de la pendiente), cuando lo haces el peso se va a los talones y pierdes el control de los esquíes, y normalmente te la pegas... para que tu peso siga en la punta de los pies debes lanzar tu cuerpo a favor de la pendiente, lo contrario de lo que el sentido común del miedo te dice, que es echarte hacia atrás...¡¡¡debes lanzarte (enfrentarte) a por tu miedo!!!

Y tú, ¿Esquías?

Nota: Gracias Angel por todo lo que aprendí a tu lado. ¡¡¡Siempre fuiste un maestro!!! Te sigo apreciando.

La importancia de un segundo



Ayer estuve, junto a dos buenos amigos (Sergio Martínez y Tico), en la presentación de la exposición "Auditando el proceso creativo" de Ferrán Adriá, que tuvo lugar en el edificio de Telefónica situado en la Gran Vía.
Una conferencia interesante, Ferrán Adría comentaba que su objetivo era elaborar un mapa de procesos de la creatividad que pudiera servir a cualquier disciplina y no sólo a la gastronomía (su especialidad), para ello ha estado trabajando durante un año entero con todo tipo de profesionales, filósofos, matemáticos, etc...trabajo que todavía continúa.
En un momento de su conferencia nos comentó su obsesión por el trabajo duro y por la puntualidad, nos contó que durante sus años en el Bulli si uno de sus colaboradores llegaba tarde le decía que no hacía falta que volviera al día siguiente, que se había dado cuenta que quizá era demasiado estricto con esto de la puntualidad y que prometió relajarse un poco con ello...especialmente cuando cerró el Bulli e inició el proyecto que ahora tiene entre manos, la Fundación; pero curiosamente, comentó que el primer día de este nuevo trabajo, uno de los colaboradores, creo recordar que un arquitecto, llegó tarde a una reunión, nos contó que pensó muy mucho qué decirle y cómo decírselo, que quería tranquilizarse y finalmente le dijo "si mañana vuelves a llegar tarde no hace falta que entres", comentó que entonces su equipo se dio cuenta que esto de la Fundación y este nuevo proyecto iba realmente en serio.
Esta anécdota me hizo sentirme reflejado, en los entrenamientos soy un obseso de la puntualidad, característica que me inculcaron mis entrenadores y que luego he llevado con mucho rigor cuando he sido entrenador... y hay una anécdota con la que enseño la importancia de la puntualidad a aquellos que me escuchan en los distintos cursos que imparto y que quiero compartir con vosotros.
La anécdota tiene lugar en un CES (Curso de Entrenador Superior), Pablo Casado era director de ese curso y además daba alguna conferencia. Pablo tenía la costumbre de esperar a la hora de inicio de la clase para, justo en el momento de empezar, cerrar la puerta con llave, quien no estaba dentro ya no entraba. Pues bien, una vez, mientras estaba cerrando la puerta, un alumno (que resultó ser su ahijado), se coló contorsionando su cuerpo y empujando en el último momento justo antes de ser cerrada... Pablo se enfadó, la respuesta del alumno fue algo así como "Joder Pablo, que ha sido sólo un segundo"... Pablo entonces montó en cólera, con todas las venas del cuello y frente hinchadas, dijo, gritando, algo así como "¿Un segundo? ¿sólo un segundo? Y tú!!! que vas a ser entrenador superior!!! ¿no entiendes la importancia de un segundo? Yo por un segundo no tuve opción a una medalla de oro en un campeonato del mundo (aquí no sé si fue una universiada) porque un americano nos metió una canasta en el último segundo del partido que les daba la victoria por un punto!!! Y tú vas y me contestas que sólo ha sido un segundoooooo!!!"
Desde entonces, uso esta anécdota para transmitir a los nuevos entrenadores la importancia que tiene un "mísero" segundo.

Nota: De creatividad, que es de lo que iba la conferencia de Ferrán Adriá, hablaré otro día.

Las órdenes...claras


El otro día estaba pensando sobre la cantidad de veces que me he metido en un lío por interpretar órdenes, que se me dieron de forma poco clara, a mi manera.

Para no aburriros con tediosas y aburridas historias sobre situaciones complicadas de mi vida os contaré una anécdota, que no sé si fue real o es uno de esos mitos que circulan de boca en boca y se convierten en reales a base de repetirlos, sea como sea la anécdota es graciosa y tiene mensaje...

Cuenta la leyenda que en un entrenamiento Junior, Pepu Hernández. tras acabar un ejercicio pidió a los jugadores de su equipo que realizaran, de forma individual,  una serie de tiros desde sus posiciones habituales, cuenta la leyenda que uno de esos jugadores, ni corto ni perezoso, se fue a sentarse en el banquillo para realizar su serie de tiro (ante el descojone del resto de miembros, incluído el propio Pepu Hernández)

Leyendo el libro "Aprenda de la Mafia" (Louis Ferrante, ex-miembro del clan Gambino), leí un pasaje que me hizo recordar esa misma situación, y me hizo reflexionar sobre la importancia que tiene el cómo comunicamos las órdenes...y la importancia de hacernos responsables del resultado de las mismas si éstas no han sido lo suficientemente explícitas para el receptor de la información, por mucho que para nosotros si estén claras en nuestra mente.

" En mi banda había un muchacho que era tan torpe como Forrest Gump. En cierta ocasión, mientras estábamos en un atraco, le dije que escuchase la radio, ya que así podía avisarnos si la policía venía de camino. Después de cometer el atraco, regresé al coche y lo encontré cantando música rock y tamborileando con los dedos sobre el volante.

-¿Qué coño haces? - pregunté, mientras arrojaba las bolsas dentro del coche antes de subirme a él.

Bajó el volumen y me respondió:

- Me dijiste que escuchase la radio.

- ¡ El escáner de la policía, idiota !

No tuve más remedio que echarme a reír. Había seguido mis órdenes al pie de la letra. Confié en él y me demostró que valía su peso en oro. En el futuro, le di instrucciones explícitas; si me fallaba, era culpa mía"


La furia y la tristeza


A veces hay cosas que realmente nos sorprenden. Recuerdo una vez, siendo entrenador ayudante en ACB, que uno de nuestros jugadores, en un ataque de ira, se lió a golpes con un rival; es una de esas situaciones que no es agradable ver y que preferirías que no ocurrieran nunca, pero todavía es más sorprendente si quien protagoniza la acción es alguien que es un ejemplo de todo lo contrario, alguien noble, que más allá de la dureza del propio juego nunca había tenido una reacción así… al llegar al vestuario, el jugador, apenado, se excusó con el equipo, y alguien me comentó que acababa de perder a un ser muy querido. La historia quedó ahí, nunca más volví a ver a ese jugador tener una reacción de ese tipo.

Tiempo más tarde leí esta fábula (como no, sacada de un libro de Jorge Bucay) que me recordó aquel incidente, quizá sea esta la explicación de aquello.

La tristeza y la furia

“En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez...

Un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


Nota: Así pues, si hoy me ven furioso, quizá sea la tristeza… Dedicado a la memoria de José Luis Abós. El baloncesto pierde a uno de los suyos. DEP


Hielo y fuego


Hoy Chema Buceta, un gran amigo, me había invitado a participar en una mesa redonda dentro del Máster de Psicología del Deporte de la UNED, mesa en la que también ha participado el ex-jugador de fútbol, y ahora entrenador, Albert Celades.

Coincidiendo que tenía que ir a la facultad de Psicología de la UNED, otro gran amigo, Angel de Juanas, me ha invitado a comer y  así aprovechar para compartir experiencias. La comida ha sido amena, como siempre que quedo con Angel; al final se ha disculpado, no podía quedarse a escuchar la conferencia pese a que le hubiera gustado mucho, tenía una cita a la que no podía faltar, su hijo Angel iba a disputar su primer partido de baloncesto y no quería perdérselo (cosa que entiendo perfectamente, dado que sé lo que le gusta el baloncesto y, sobre todo, sé lo que siente por su familia).

Curiosamente el motivo de su "disculpa" me ha traído a la mente una frase que solía comentar Luis Casimiro sobre los partidos que disputábamos antes del inicio oficial de la temporada... "Los resultados de pretemporada se escriben en barras de hielo", dando a entender que la importancia de dichos resultados era relativa, que en un breve espacio de tiempo dichos resultados se olvidarían y no tendrían importancia (lo que tardara en derretirse la barra de hielo).

¿y por qué os cuento esto? porque lo he relacionado con la vida, hoy Angel ha ido a jugar un partido de fuego, uno de esos partidos cuyo resultado queda grabado en el alma de nuestros seres queridos, uno de esos partidos que sí tienen importancia.

Y, simplemente, me ha hecho pensar en la cantidad de veces que he elegido jugar partidos de hielo porque no he sabido reconocer que al mismo tiempo podía estar jugando uno de fuego; o peor aún, porque he confundido el partido de fuego con el partido de hielo.